Hay días en los que me levanto enroscada como una lombriz de tierra cuando una pala la saca de sus 10 cm de seguridad y hay 5 niños mirándola. No tiene que ver tanto con la luz, tiene que ver más con los ojos curiosos, llenos de asco, las caras con sonrisas y mocos, las ideas borrosas, las ganas maliciosas y las de proteger.
Hay horas de horas. Las 3 son importantes en la mañana y en la tarde... no hay 3 de noche. A mi últimamente me aterran las de la mañana. Me levanto con el corazón a mil y busco mirar sin mirar. ¿Qué tanto cargo? ¿qué tanto llevo en mis baúles?
Me despierta una voz tierna al otro lado del teléfono, al otro lado del mundo. La distancia es como la soledad que aumenta las ganas. La soledad aísla y da sueño.
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Dónde estás?
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